Después del tórrido verano, las primeras lluvias del otoño vuelven a generar vida y el color verde se empieza a abrir paso, frente al amarillo que hasta ahora dominaba el paisaje estremeño.
Los grandes barbos vuelven a dejarse ver patrullando por las orillas y merodeando en la superficie en busca de hormigas de ala y otros insectos, que les proporcionaran las ultimas reservas de alimentos, para afrontar ese letargo que sufren estos peces durante el largo y duro invierno.
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| Los grandes barbos vuelven a dejarse ver patrullando por las orillas |
Estas primeras lluvias no solo hacen salir algunas hormigas de ala y otros insectos, si no que también ayudan a que suba el caudal de los embalses inundando zonas que hasta ahora estaban al descubierto, siendo estas autenticas despensas para estos peces que no dudaran acercarse a ellas, en busca de alimento de nuevo.